
El camino hacia la salvación no va a ser fácil para este Real Murcia. Quitarse de encima la guillotina que lo amenaza con el descenso es, a estas alturas de la temporada, tarea complicada. El sufrimiento está garantizado. Después de cambiar de entrenador y con unos jugadores que no han dado la talla, la afición se ha girado al palco y ha estallado en contra de los dueños del club. El partido terminó entre gritos de «¡fuera Samper!», con una nueva derrota que sumar a la temporada y con la escalofriante cifra de seis puntos en 33 encuentros. El Murcia se desangra, la afición clama una solución. Pero a estas alturas no hay más remedio que el que quieran poner los futbolistas de la actual plantilla. Algunos son fundamentales, como Nafti y Matilla, siempre que den su mejor versión.
Porque el equipo grana, sin ellos, apenas tiene centro del campo, ni control del juego. Cuando necesita goles le falta más profundidad y llegada y si va por delante en el marcador carece de consistencia defensiva, de aplomo para controlar la pelota y de velocidad para parar a los delanteros más rápidos de la categoría. Así es el Murcia de los últimos meses y ni el debut de Onésimo en el banquillo evitó el drama de ver cómo el equipo sigue hundiéndose en la tabla, sin crédito ya y sin respiro para afrontar una jornada tranquila. A partir de ahora, todo son finales.
Al Murcia le cuesta marcar y aún más defender la renta que obtiene después de mucho esfuerzo. El gol de Albiol, nada más arrancar la segunda parte, no sirvió de nada. Se adelantó el equipo de Onésimo y luego perdió la ventaja.
Hasta ese momento el partido había estado equilibrado. Nadie ejercía el control supremo ni del juego ni de la pelota. En el Murcia solo Kike intentaba llegar a la portería del Recreativo de Huelva, que tenía en Alexandre a su mayor peligro.
Con pocas ocasiones reales de gol se cerró la primera mitad y con muchas comenzó la segunda. Tras el tanto de Albiol, el Recreativo pareció otro equipo. Ya no era una plantilla sin intensidad ni capacidad de hacer daño, un tanto gris y previsible. Sacó su velocidad y sorprendió en el ataque.
Por contra, el equipo de Onésimo, que había salido al campo dispuesto a presionar a su rival, a no dejarlo respirar y a marcar cuanto antes, fue perdiendo fuelle con el paso del tiempo.
A los diez minutos de que marcara Albiol ya tenía el Recreativo el empate en el marcador gracias a un balón de Alexander, que sobrevoló la cabeza de Javi Jiménez. Una vaselina perfecta tras un desajuste en la defensa. El Murcia no da seguridad ni con el marcador en contra, ni con el marcador a favor. Mala señal. Los goles en este equipo están más que cotizados y cuando tras mucho esfuerzo alguien ve puerta, resulta que el calvario no ha hecho más que comenzar, porque mantener la portería sin goles resulta casi tan complicado como marcarlos. Falla la defensa y falla el juego colectivo. Nadie sabe tener la pelota, marcar los tiempos y no entrar en el juego del rival.
Con este panorama, la llegada del gol del Recreativo se convirtió en mucho más que otro contratiempo, porque con este tanto el Murcia ya no supo reaccionar. Adelantó la defensa y se preparó su propia tumba. Arriesgó demasiado y con una zaga lenta, la velocidad de los delanteros rivales fue letal. Volvió a marcar Chuli, un delantero que está en racha. Remató a la primera al palo derecho de Javi Jiménez y con el rechace en su poder ya no perdonó.
Quedaban minutos pero el partido estaba perdido. Ni siquiera tuvo ya el equipo grana posibilidad de presentar alguna opción de empatar. El juego señalaba todo lo contrario.
La mejor ocasión la volvió a tener Kike, otra vez tras un centro de Sutil, que mejoró mucho en la segunda parte y llevó peligro desde su posición. El remate del delantero se marchó alto y todo lo demás fue un querer y no poder.
Tratado de impotencia en el Murcia y lección de protesta en las gradas. Visto que no había solución, el público buscó culpables. Otra temporada más con el objetivo a años luz. La alegría nunca llega a la casa grana. De luchar por la sexta plaza a evitar el infierno de la cola de la tabla. La Segunda B está demasiado reciente en la cabeza de los murcianistas.
El partido dejó dos lecturas más. La primera, la vuelta de Javi Jiménez a la portería. Onésimo dijo y repitió en los días previos al choque que las alineaciones no se las hacía nadie y en su primer partido dio buena cuenta de ello. Al campo salió el portero que no ha querido renovar su contrato con el Real Murcia y como suplente se quedó Alberto.
Javi Jiménez volvió a cumplir de manera sobrada, pero los motivos para la polémica vuelve a estar servidos. Juega el que se va, se sienta el que se queda.
La segunda sorpresa estuvo en el banquillo. El entrenador dejó sentados a todos los argentinos, con la única excepción de Cristian. Con el paso de los minutos les fue dando entrada, primero Tagliafico, luego Nico Martínez y por último, con el marcador en contra, entró Jonatan.
Nada sucedió ni con los cambios ni tras los goles en contra hasta el final del partido ante el Recre. Gritó la grada, pero el marcador ya no tenía solución. Con el pesado lastre de estar metido en el lío del descenso tiene que afrontar ahora el Real Murcia lo que queda de competición.




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