El Real Murcia está en caída. El único punto que ha sumado en los tres últimos partidos lo ha hecho descender hasta el puesto catorce. En Segunda, y con la Liga recién empezada, las distancias son aún salvables. Solo dos puntos lo separan de la primera plaza de 'plaf off' de ascenso, tres del descenso. Ir hacia arriba o hacia abajo es cuestión de pocos partidos. Más importante es ahora la forma de perder y los argumentos que cada equipo muestra para cumplir sus objetivos. Si hasta ahora el Real Murcia había jugado bien, al menos en las segundas partes, y había dejado muestras de su talento para el fútbol ofensivo, contra el Numancia el equipo de Siviero se desdibujó y perdió sus principales señas de identidad. Cuando el rival tapa a Matilla y evita las salidas del balón por el centro del campo, el Real Murcia termina sufriendo demasiado. Mala imagen, peores conclusiones se sacaron de Los Pajariros.
Las diferencias en el marcador fueron mínimas. El Numancia ganó gracias a un zapatazo de Sunny. Poco más. El equipo de Soria no se molesta en dar una lección de talento y buen juego en cada partido. No lo tiene y sabe que sus planteamientos deben ser más rácanos y conservadores. Su fórmula la tiene clara y ayer le dio resultado. Marcó gracias a un gran gol, tuvo varias ocasiones a la contra con el Murcia volcado en el ataque y tapó las salidas del rival a sabiendas que la principal virtud de la plantilla grana está en la segunda línea.
Sin juego fluido y sin un goleador que resuelva un partido, el Murcia estaba perdido. Cristian jugó demasiado solo y pide a gritos un delantero que lo acompañe, tuvo alguna ocasión pero poca cosa porque siempre está rodeado de defensas; a Matilla no lo dejaron respirar; y Emilio no pudo hacer el trabajo de su compañero. Aguantó el Real Murcia la primera parte, Jorge tuvo la mejor ocasión, pero tras el gol del Numancia llegó la absurda expulsión de Tagliafico por doble amarilla. La plantilla murcianista tiene un problema con las tarjetas. Sale casi a expulsión por partido. Con el marcador en contra y uno menos en el campo, el equipo se descompuso. Demasiadas adversidades. La segunda expulsión, esta vez del local Iván Malón, volvió a equilibrar las fuerzas. Pero el Murcia no tenía puntería y aunque puso voluntad y metió al Numancia en su área, esta vez ni la igualada, ni mucho menos la remontada, fueron posibles.




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