Este Murcia empieza a chirriar. La falta de un 'cerebro' que dé sentido a su juego era antes una condena que se reflejaba en el campo, pero no en el marcador. Eso ha cambiado. Ahora se refleja en el campo y también en la tabla. El Murcia llevaba mucho tiempo fiándose de la pizarra de Alonso y de los guantes de Alberto: era un equipo con mucho laboratorio y un buen portero. Era una táctica cuando menos arriesgada. Así que mientras España tirita de frío, el Murcia empieza a tiritar porque ha perdido su ángel. Si falla la estrategia, se queda desnudo.
Contra el Celta tuvo empuje, sí, pero solo dos ocasiones y una de ellas 'light'. El bagaje no es de equipo que la quiere liar con los de arriba, sino de conjunto escuchimizado, de medio pelo, al que más le vale huir de la quema. Es cierto que perdió por uno, pero tanto como que solo tuvo el balón cuando se vio perdiendo. Entonces ganó en presencia, aunque no mucho en peligro. Amedrentó lo justo. Está claro que el Celta es un equipo superior, pero eso no impide intentar darle un susto de vez en cuando. Aunque se sepa mejor, así al menos el rival no te toma por una comparsa. No echo la culpa a Iñaki Alonso, pues estoy seguro de que no puede exprimir más a una plantilla potable, pero a todas luces insuficiente. Mi dedo señala algo más alto.





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