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La Lupa de Ibarra

15 de enero de 2012
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JUAN IGNACIO DE IBARRA.-

Cuando el Real Murcia disponía de su elenco principal, comenzó el encuentro falto del más sutil de sus violines. Pero enfrente tenía a un equipo que quiere jugar al fútbol, que a los seis minutos se quedaba sin David, que había sacado la honda a destiempo y se ponía en marcha la verbena inesperada, la feria de las vanidades, el juego de los adornos y el baile de las sonrisas.

Porque, cuando se produjo el penalti, el Ruso pidió de todas las formas posibles, lícitas y aceptables, que se le concediera la oportunidad de aumentar su cuenta goleadora en una temporada en la que el más efectivo de los últimos años aún no se ha estrenado. Y el técnico concedió al autor de los últimos goles que tirara desde el punto fatídico. Iban solo seis minutos y todo se ponía de cara para la ventaja del Murcia y la gloria de García, Ruso o como quiera que lo llamen. Y sucedió que el chico afanoso de gloria, sediento de lujo, se fue al balón y golpeó 'al estilo Panenka'. Y el balón, después de rebasar al portero, se negó a colaborar, pegó en el travesaño, cayó sobre la línea de gol y regresó al campo, haciendo burla de lo que pretendía ser una sonrisa.

Pero la superioridad del Murcia era desmesurada. El encuentro se jugaba en territorio cordobés, desde donde el ejército de Paco montaba sus escaramuzas, con más gallardía que acierto, dejando al Murcia todas las opciones para el contragolpe. Y, claro, solo cinco minutos después, el Ruso recibía un balón precioso y, completamente solo ante un portal desguarnecido, metió el pie por debajo del cuero, buscó la vaselina 'panenkada' y el cuero -otra vez en plan aguafiestas, mala sombra- se fue por las alturas. Y cuando el Real se puso por delante con disparo del violinista Emilio -que se aupaba hasta el pedestal de máximo realizador y aumentaba su cuenta- Óscar se plantó en el área enemiga, a la que se llegaba con pasmosa facilidad, y volvió a 'panenkar'. Se jugó la opción con un nuevo 'panenkeo' que sirvió para que el meta cordobés se hiciera con lo que, en tres ocasiones, más que un balón, había sido un espíritu burlón.

Con un hombre menos, el Córdoba no le perdía la cara al partido. Quizás sabía que al Murcia se le pueden hacer goles en su estadio cuando se está en inferioridad numérica. Y acortó distancias para que todos echáramos de menos los posibles goles cambiados por gambeteos. Y empató el Córdoba y falló dos goles hechos. Y lo que parecía una verbena se convirtió en drama y la diversión se hizo miedo. Y entonces salió, a los 82 minutos, el tercer violinista. Ya estaba la banda completa, me pensé. Pero dos minutos más tarde, Emilio veía la segunda tarjeta. Y, otra vez, la cuerda se quedaba coja. Y con diez jugadores por bando, Richi cedió el puesto a Cerrajería, buscando más músculo para un centro del campo donde la pareja de violinistas (Iturra y Sutil) montaron un contragolpe, dejando paso a Cerrajería, que fresco de esfuerzo y de espacio, vio demasiado pequeña una portería que se le ofreció como un regalo primoroso. Y el Ruso (el de las acciones 'a lo Panenka' y las ocasiones perdidas), a falta de once minutos cedió su puesto a Chando. Y Pepe Díaz, en clamoroso fuera de juego, perdió el empate. Y Borja (el del Córdoba) nos dio otro susto. Y Párraga se enfrentó a Alberto porque los del Califato metían balones por detrás de la defensa. Y el Córdoba le apretaba las clavijas a los propietarios del terreno, haciendo interminables los minutos de la verdad. Y a falta de 2 minutos, Iván Amaya salvaba un gol que hubiera castigado al Murcia como se merecían sus pretendidas exquisiteces. Y yo me acordaba de las frivolidades, del mal uso de las ventajas, de la inocencia de la tarjeta que mermó el número de violinistas.

Otra vez, la Nueva Condomina se preñó de angustia. Y el pitido final fue una liberación que sirve para la grandilocuencia del botafumeiro, y que a mí me recordaba que los experimentos se hacen con gaseosa y que, aunque me plazco en los goces de la estética, más que un penalti adornado a la madera, prefiero un penalti que mande el balón a la red. Y más que un adorno con chorreras, prefiero un gol, aunque sea feo. El Real Murcia tuvo ayer muy buenas cartas. Y quiso jugar de farol.

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Periodista de laverdad.es y murcianista hasta la muerte.

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