La recta final de la temporada se vislumbra eterna y aburrida. La larga travesía del Real Murcia por Segunda B va por buen camino. Se cumplen los objetivos. El equipo gana. El equipo suma. Sigue líder. Poco más se puede pedir. Pero cada partido es una condena, un horror.
La temporada es de auténtico sopor. Un castigo de encuentros malos y con poca historia, aunque necesarios para llegar al objetivo final, que no es otro que la eliminatoria de ascenso.
De aquí a junio ese será el principal objetivo. Por el caminó, un sinfín de partidos con poca historia y menos fútbol, donde el Real Murcia es el equipo favorito, pero en los que ni hay fútbol, ni juego, ni nada que se le parezca.
El Alcalá, segundo por la cola, no iba a ser la excepción a una temporada que es una maldición. Los rivales son tan flojos que no aportan nada, mucho menos cuando pisan Nueva Condomina.
Pero lo peor de todo es que el Real Murcia tampoco transmite muchas sensaciones. Gana y deja a todos contentos. Hasta ahí todo perfecto. Pero que nadie busque más. Ni muestra autoridad en el juego, ni facilidad para marcar. Sufre durante varias etapas del partido, impone su superior calidad en jugadas aisladas, tiene casi todo el tiempo el balón sin saber muy bien qué hacer con él, y le sigue faltando velocidad e imaginación cuando la pelota se acerca al área rival. Esto es Segunda B. Así es la categoría. También el Real Murcia.
Otro trámite cumplido, otra victoria a la tabla y a pensar en el siguiente. Contra el Melilla la historia puede cambiar. El domingo, a las doce del mediodía, el rival será de los de entidad. Allí el equipo grana debe probarse, saber cuál es su verdadero potencial y desterrar la idea de que contra los grandes se termina atascando.
La derrota en Ceuta y los empates con el Sevilla Atlético y Cádiz dejan en la plantilla grana un sabor agridulce ya que el verdadero y único objetivo es ganarle a otro primero de grupo, un equipo que será tan bueno como estos rivales.
Jugar con el Melilla, uno de los grandes del Grupo IV, es una buena piedra de toque. Y lo tendrá que hacer sin Richi. El centrocampista es un jugador importante en este equipo pero su edad y su veteranía, una ventaja en algunas ocasiones, le está pasando factura. Tiene problemas musculares y ayer, nada más comenzar el partido, tuvo que abandonar el terreno de juego y cambiar el esquema inicial.
Albiol acompañó a Aguilera, Pedro y Aquino completaron el centro del campo, pero el equipo sigue adoleciendo de ese ritmo y ese pase que es medio gol y que soluciona partidos primero y los sentencia después.
A pesar de que Aquino se probó en jugada y de falta, el marcador no cambió hasta el minuto 41, cuando un rechace del portero tras un tiró de Chando terminó en la red gracias a la aparición de Kike.
El delantero no aportó mucho, pero está siendo decisivo en los últimos partidos, está en racha, ve puerta, y mientras que siga haciendo goles tendrá plaza segura.
También la tiene segura Chando. Es el máximo goleador y titular indiscutible, pero su aportación en goles comienza a ser demasiado escasa. Ayer, recién renovado por dos temporadas, no pudo estrenar su cuenta de este año y falló todas las ocasiones de las que dispuso.
Al menos el Real Murcia había conseguido marcar antes de irse al descanso, lo que da mucha tranquilidad. Cinco minutos después de su vuelta al terreno de juego lo hizo Gago, y ahí se acabó la historia. Porque el Alcalá tocó más y lo intentó sin mucho éxito, salvo por las llegadas del Mustafá y porque el Real Murcia desapareció del mapa. Era el momento de golear, pero ni el equipo ni la categoría está para grandes fiestas.
Ya no hubo más. El Real Murcia cumplió con pocas alegrías y sin grandes demostraciones. Cierra un jornada. Hoy lunes abre otra.






Canal Grana