
El Real Murcia vive en una nube. Cierra la primera vuelta de la competición en una situación inmejorable. Suspendido en lo alto de la tabla, gravita sobre el resto de rivales. Ni teme a nadie, ni hay rival que le haga sombra. Los 41 puntos que ha sumado lo coronan como el rey indiscutible del Grupo IV. El equipo que nadie puede batir. Invicto en casa, sólo ha cedido dos derrotas como visitante.
Eso es lo que dice la tabla, que al final es la única que manda. El rumbo de la Liga no parece que vaya a cambiar en la segunda vuelta. En la competición regular el Real Murcia marca el ritmo. El resto, sigue el compás.
Su supremacía quedó ayer sellada en Nueva Condomina. El Puertollano salió peleón al principio, pero la falta de nivel es tan alarmante que a pesar de encontrarse con alguna ocasión inesperada, fue incapaz de dar un susto en el estadio grana. Por suerte, fallos en defensa como el de Luciano al final quedan en nada. El Real Murcia tampoco luce demasiado, pero la calidad, antes o después, siempre termina sentenciando.
Con dos ocasiones visitantes en la primera parte se acabó el Puertollano. El equipo visitante intentó defenderse, pero la expulsión de Pomar, que vio la segunda amarilla justo antes del descanso, lo desarmó completamente y lo dejó sin opciones.
Cada rival que visita al Real Murcia tiene sus problemas y comete sus fallos, pero en el equipo grana la historia termina siendo siempre demasiado parecida. Gana sin adornos, falla muchas ocasiones y la falta de velocidad le impide imponerse con contundencia y cierta autoridad. A Chando esta vez no le hizo falta fallar mucho en el área. Mandó el balón al cuerpo del defensa primero y vio la portería después. Mucho más rápido que en otras ocasiones. Más eficaz. La segunda que enganchó, no la perdonó. Una vez que el equipo grana se adelanta, ya es imposible pararlo.
Mucho menos si el rival tiene que jugar toda la segunda parte con un futbolista menos. Pasó el descanso y los locales salieron dispuestos a resolver con goles. La pelota sólo se movió en el campo visitante y aunque tarde, los goles empezaron a llegar.
Albiol marcó el segundo. Premio para un futbolista que cuenta con la confianza incondicional de Iñaki Alonso, pero que no pasa por su mejor momento. Fue un regalo para un futbolista, obligado a ofrecer mucho más.
Y el tercero fue para Kike, el delantero más cuestionado de la plantilla. Salió en la segunda parte del partido y aunque primero estrelló la pelota al palo, recogió su propio rechace y sumó otro tanto que es un bálsamo para su estado de ánimo.
Lo demás fue más de lo mismo. Iñaki Alonso siguió con sus rotaciones. Se quedó fuera Iván Amaya y la defensa perdió a su mejor futbolista. No lo notó, porque el rival no estaba en condiciones de poner a ninguno de los jugadores en un aprieto.
Volvió Richi y Cañadas, y Pedro se movió por las dos bandas en busca de la sorpresa. Pero al Real Murcia le falta esa capacidad. La de aparecer por velocidad cuando nadie lo espera y por la vía rápida y sin titubeos marcar goles. Por ahora sigue sin conseguirlo. Es cuestión de tiempo, no de resultados. Se impone la paciencia, que a veces puede ser desesperante. El equipo de Iñaki Alonso gana sus partidos. Suma y sigue. Y a falta de toda la segunda vuelta, la temporada ya está marcada por la eliminatoria para ascender a Segunda División. Ese es el verdadero examen de esta temporada.






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