
El partido entre Yeclano y Real Murcia fue una fiesta del fútbol murciano. Dos modelos enfrentados. Uno, el del Yeclano, acomodado a los tiempos de crisis, con catorce jugadores de Yecla en la plantilla y con una fe capaz de mover montañas. Enfrente un Real Murcia que ha vivido del talonario de Samper y que ahora intenta escapar cuanto antes del infierno. Un infierno que es el cielo o la gloria para el equipo de Sandroni. Por eso el empate sabe bien, porque ambos equipos intentaron ganar siendo fieles a su estilo.
El choque arrancó a toda velocidad. En seguida el Real Murcia se hizo amo del balón con un once como el que ganó en Viso del Alcor al Alcalá, con Cañadas por la izquerda y con Luciano en la banda derecha, en un claro intento de Iñaki Alonso de buscar protección frente a los probables bombardeos del Yeclano. El equipo grana creaba oportunidades, la más clara la de Chando con un mano a mano ante Toni Bernal. Pero el equipo de Sandroni no estaba dispuesto a ponerle la alfombra roja al Real Murcia y creía que podría eliminar las diferencias entre ambos con casta y coraje.
Y con velocidad. Como la que imprimió Cano y Biri por la banda derecha. Tras unos primeros minutos acomplejado, el equipo local se fue para arriba. Entendió que si se encerraba atrás el mejor equipo de la categoría hasta ahora le podía hacer mucho daño. Y a base de fe y coraje el Yeclano se fue para arriba y le hizo daño a su rival. Tras un centro de Biri, Andre Luiz Gasparini cabeceó en el segundo palo a la red. Al equipo de Iñaki Alonso no le bastaba con la calidad individual y tenía que sacar el pico y la pala para sacar algo positivo de La Constitución.
La mejor noticia para el equipo de Sandroni fue que tras el gol, el Real Murcia no creó peligro. Sólo un disparo de Albiol que rozó el palo izquierdo de la portería de Toni Bernal. Con cada minuto que pasaba, el Yeclano reforzaba sus convicciones. El partido tenía más emoción que fútbol y los jugadores de calidad del Real Murcia se desesperaban comprobando que apenas podían retener el balón. La actitud del Real Murcia era la correcta aunque no sabía jugar a la primera, tocar rápido, intentar sorprender con velocidad a un rival crecido.
En la segunda mitad el Yeclano decidió hacer el partido pesado, tosco. Que no rodara el balón. Que éste pasara más tiempo por los aires que rodando sobre el césped. Iñaki Alonso metió a Pedro, un jugador clave en este Real Murcia para romper al Yeclano entrelíneas. Pero ni por esas. El equipo grana no creó ocasiones claras de gol y moría en todas las situaciones de ataque contra los centrales del Yeclano.
Aunque huérfano de ocasiones claras de gol, el partido era bonito y emocionante. Minuto a minuto el Real Murcia se iba para arriba aunque no veía portería. Ni con la entrada de Isaac y Aquino. Para colmo el Yeclano no tenía más remedio que encerrarse más atrás tras la expulsión de Vilaseca tras entrar a Pedro por detrás. Hasta la picardía de Richi, que provocó un penalti que transformó Pedro tras tener que repetir el lanzamiento porque cuando anotaba el primer intento lanzaron un balón desde la grada. Una fiesta en la que ambos equipos fueron ambiciosos y quisieron ganar.






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