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Se está haciendo un equipo desde la miseria, como hace cuarenta años. Pero entonces, como el club no era de nadie, se podía buscar al hombre y se le encontró en cualquier cornijal
15 de julio de 2010
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DE JUAN IGNACIO DE IBARRA.-

Hace cuarenta años (exactamente el 7 de Junio de 1970), el Real Murcia sufría el primer descenso de su historia, desde la Segunda División donde había permanecido con esporádicos ascensos a Primera. Hace cuarenta años, el Real Murcia pasaba a manos de una Gestora cuyo presiente, don José Codina manifestó su propósito de sanear la economía (había una deuda reconocida de 24 millones y medio de pesetas) «aunque para ello tuviéramos que jugar en categoría regional». Y hace cuarenta años, Antonio Aullón y Antonio Montesinos, apoyados por periodistas de menor enjundia (como un servidor de ustedes), buscaron al ex presiente Rubio Pérez para que volviese al club para intentar escapar de aquella terrible situación. Y don José Rubio Pérez recomendó a Moreno Jiménez y los periodistas hablaron con el gobernador dócil y Moreno Jiménez llegó a la presidencia y ascendió a Segunda y, sólo un año más tarde, se metió en Primera. Así escapó el Murcia de la primera gran caída de su historia.

Hace tres años, el Murcia, que había dejado de ser de todos y de nadie, alcanzó el punto culminante de su historia. Estaba en Primera, inauguraba el estadio soñado durante tanto tiempo, alcanzaba la cifra de 25.000 abonados (porque el club se negó a aceptar más) y superaba los 30 millones (5.000 de las antiguas pesetas) de ingresos. El Murcia había multiplicado por 200 los ingresos y contaba con una clientela siete u ocho veces superior. Después de cuarenta años, el Murcia había alcanzado la opulencia y no parecía demasiado importante que ya no fuera de los socios que, en la práctica era de todos y de nadie.

Iniciada oficialmente la temporada, sólo tres años más tarde, el Murcia cuenta dos descensos y se halla en la Segunda B ( que no es mucho más que aquella Tercera de los años 70) y ha vuelto a un estado de pobreza en el que no se pueden buscar salvadores porque el club es una propiedad privada y sólo puede ser lo que desee su dueño.

Y, de pronto, nos encontramos con una plantilla que no vale (aquella del primer descenso dio 9 bajas y hoy sobran veinte), con un presiente que nunca se ha desvivido por el fútbol y que no tiene al Murcia entre sus sentimientos principales, se ha nombrado director técnico a un señor que jugaba en el equipo descendido y que carece de la mínima experiencia, se ha nombrado gerente a un señor que llevaba las cosas periodísticas, se busca entrenador entre los chicos de Segunda B y competimos con la Ponferradina y similares. No se ha realizado un sólo fichaje sugerente. Vamos a funcionar con un presupuesto de tres millones y medio de euros, no va a haber concentración y, en definitiva, el Murcia se va a desenvolver en lo económico como un equipo de pueblo.

Me apresuro a señalar que la inexperiencia del director técnico y gerente no les niega posibles virtudes y como siempre a lo largo de mi vida, me apresuro a apoyar a la gente joven, a todo el que si inicia, a quien tiene derecho a una oportunidad. Pero señalo el riesgo que implica cualquier inicio.

En lo económico, Samper ha dejado bien claro que sólo gastara lo que considere conveniente porque es dinero que sale de su bolsillo. Pero me asombra una caída tan enorme en sólo tres años, en una ciudad que es la séptima de España y con un potencial que para si quisieran el noventa y tantos por cientos de los clubes españoles.

Más que con modestia, el Murcia anuncia una temporada en la indigencia. Y no porque la ciudad, los aficionados, la sociedad murciana no aporten lo necesario, no. La situación actual es consecuencia de un derroche incomprensible, de unos fichajes disparatados, de una megalomanía insufrible y de un desconocimiento absoluto de lo que es, y debe ser, un club de fútbol.

Se está haciendo un Murcia desde la miseria, como se pretendía hacer cuarenta años atrás. Pero entonces, como el club no era de nadie, se podía buscar al hombre. Y se le encontró en cualquier cornijal de Murcia. Hoy, el Murcia es un coto privado. Sólo nos queda lamentarlo y desearles suerte. Porque muchos murcianos aún creen que el Murcia es suyo. Por eso, en las gozosas fechas que vive el fútbol español, son muchos los murcianos que preguntan:

--¿Y el Murcia? ¿Va a hacer buen equipo?

Y es que somos muchos a los que nos duele el Murcia.

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