laverdad.es
Miércoles, 23 mayo 2012
sol
Hoy16 / 30||Mañana16 / 29|
más información sobre el tiempo

Canal Grana

Real Murcia
El equipo renunció otra vez al balón, y encajó el gol de penalti en el minuto 92
20 de junio de 2010
" target="_blank">En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
EVA FRANCO.-

Ciento dos años de historia, toda una temporada y un partido completo se decidieron en décimas de segundo. Ese fue el tiempo que tardó el árbitro en señalar un penalti en contra del Real Murcia, el mismo en el que un balón esquivo abandonó los brazos de Alberto y se resbaló para meterse dentro de la portería. Era el minuto 92 y el drama ya se había consumado. El Real Murcia estaba en Segunda B de la manera más dramática y más dolorosa que se pueda imaginar.

No fue una sorpresa para nadie. En la segunda parte el dominio del Girona fue tan aplastante que hacía presagiar lo peor. El equipo grana abandonó el balón, renunció al juego y se dedicó a repeler con agonía las embestidas de un Girona que estaba descendido con ese resultado. Concentrar más amargura en tan poco tiempo era imposible.

El Real Murcia de Jesús Samper tiene un inconfundible apego al sufrimiento. Esta temporada lo ha llevado a un grado extremo. Parecía hundido, más acabado que nunca, desahuciado de la categoría y ahogado en sus deudas. Sin pena ni gloria jugaba en sus visitas a otros campos y era incapaz de ganar en casa. Todos presagiaban su final dramático. Todos menos los únicos que podían intentar cambiar el destino. El equipo ganó tres partidos consecutivos y cuando acariciaba la permanencia, cuando la tenía más cerca que nunca gracias al gol de Capdevila, la perdió de la manera más absurda. La grandeza y las miserias del fútbol se nutren de paradojas así.

Desde el inicio el partido se movió con tintes dramáticos. Tan mal lo había hecho el Murcia a lo largo de la temporada que no había margen de error. Sólo valía ganar. Era el más difícil todavía. Más presión para una plantilla dividida y con poca identidad que nunca había enlazado más de dos victorias seguidas. En Montilivi necesitaba cerrar la competición con la cuarta. De la tragedia a la felicidad nunca ha habido tan poco recorrido.

Pero esta vez el Real Murcia no pudo esquivar las señales claras que en el fútbol avisan de que las cosas no se hacen bien, de que las plantillas que se eligen año tras año no son de calidad y de que los errores continuados se terminan pagando. Ha sido este año. El club grana se despide del fútbol profesional y sume en el desconsuelo más absoluto a la afición, al club y a una ciudad que vive conmocionada por el descenso. En realidad no es una sorpresa para nadie. El fútbol no ha actuado a traición con la entidad murcianista. Dio demasiados avisos. Nadie los quiso escuchar.

El Real Murcia ha estado despeñado desde el principio de la Liga. Ha pasado demasiados años sin identidad, sin lograr su consolidación en Primera, con dos descensos fulminantes y casi ridículos y sus muchas y penosas peregrinaciones por los bajos fondos de la tabla de Segunda. Pero así es el Real Murcia, al menos desde los tiempos de Samper: suele hacer lo que nadie espera, casi siempre en el mundo del fracaso. Ayer repitió su fatal destino. Ya no hay más oportunidades para un club que lo ha tenido todo y ahora no tiene nada. El Real Murcia se queda temblando. Toda una ciudad soñó con más fuerza que el resto de rivales, pero no pudo cambiar su fatal destino de su club.

TAGS RELACIONADOS
" target="_blank">En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
MULTIMEDIA