
Teixiera Vitienes señaló el final del partido y las lágrimas de jugadores, aficionados y periodistas del Real Murcia comenzaron a fundirse con la fina lluvia que durante toda la tarde cayó sobre Girona, la ciudad en la que el Real Murcian conoció un nuevo descenso a Segunda B tras más de una década.
Con el pitido final se produjo un derrumbamiento masivo de cuantos llevaban una camiseta negra sobre el terreno de juego. El sonido del silbato del colegiado cántabro sirvió como final de una entidad sumergida en una grave depresión. Todos los futbolistas del Real Murcia abandonaron el césped con los ojos ensangrentados. Incluso Albiol -el futbolista que cometió el decisivo penalti en el minuto 90- lo hizo en camilla tras ser atendido por el doctor Castillo al sufrir una lipotimia. Hubo gritos, insultos, agarrones y, sobre todo, mucha, mucha impotencia.
Nadie encontró una palabra de consuelo. No existía. Y además nadie tenía las fuerzas suficientes ni para intentarlo.
Dentro, el vestuario grana fue un mar de lágrimas. Hubo quien no acertó ni a hacerse el nudo de la corbata. José González vio el partido desde la grada al estar sancionado, pero no tardó un segundo en bajar al terreno de juego nada más terminar el partido. Fue quien avisó a los asistentes médicos del desvanecimiento de Albiol y acudió a su obligación con los periodistas con el rostro desencajado. El andaluz no pudo disimular su rabia. Sus ojos delataban la tristeza de un profesional fracasado. Pero el entrenador se equivocó el querer encontrar en el árbitro al culpable de todos los males. "A los futbolistas no se les puede reprochar nada. Lo han dado todo y han estado muy cerca de conseguir cuatro triunfos consecutivos y la permanencia del club. Hemos estado muy cerca hasta que un señor ha decidido el futuro. Su decisión irá en su conciencia. El destino en estos casos también juega y este año no hemos tenido fortuna con los árbitros".
José González quiso argumentar que "el Real Murcia ha sido víctima del sistema de esta liga en la que ocho equipos han llegado al final con peligro de bajar de categoría. Los jugadores están amargados. No tienen ni capacidad para sentir rabia. Todo ha sido por culpa de este hombre" - en clara referencia al colegiado-.
Sobre las causas que han motivado el descenso de categoría explica que "seguramente hay muchas, ya que se puede pensar en el entrenador, en los jugadores..., pero el árbitro con su decisión ha sido muy cruel. No entiendo como a un equipo como el Real Murcia le pasan estas cosas en campos como el del Girona y el Real Unión de Irún".
El guardameta Alberto abandonó en estado de shock el estadio de Montilivi. Con el nudo de la corbata a medio hacer relató que "estoy destrozado. No sé que ha pasado. No sé ni siquiera quien ha entrado al vestuario. Estoy muy mal. No me explico que ha pasado en el penalti. Lo he parado y no se como se me ha colado por debajo. Esto es muy duro. He notado el balón y luego, de repente, lo tenía en la espalda. Estoy muy contento en Murcia y me gustaría hablar con el club para seguir".
Bruno Herrero, por su parte, destacó antes de subir al autocar que "es el momento más complicado de mi carrera deportiva y creo que también puedo hablar por mis compañeros. Ahora no me preocupa mi futuro. Termino contrato, pero no encuentro alivio ante tanto dolor. Lo siento mucho por todo el murcianismo. Ha sido surrealista nuestro final. Creo que ha sido penalti, pero ahora todo eso da igual".
Minutos antes de las nueve de la noche el autobús tomó dirección al aeropuerto. Un vehículo en el que no se oyó una sola palabra y sí continuos sollozos por el varapalo sufrido. Chando, una vez en el aeropuerto, destacó que "es muy difícil de explicar con palabras lo que siento. Estoy hundido. Este temporada debutaba en Segunda y no esperaba este desenlace en un club como el Real Murcia. Tenía mucha ilusión en este proyecto".
Al filo de las diez de la noche abandonó tierras catalanas un avión cargado de rabia, de impotencia y de frustración. Un avión en el que el consejero Pedro Alberto Cruz fue testigo directo del momento más duro de la historia reciente del Real Murcia.






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