
Y apareció Pérez Montero, árbitro andaluz, para animar el cotarro. El partido caminaba a paso de tortuga, dormido, cuando Montero, uno de los árbitros más flojos de la categoría, empezó con su rosario de expulsiones. Además, dos futbolistas, Iñaki Bea y Rodríguez, demostraron que perjudican más que benefician a sus equipos en ocasiones críticas. El central vasco del Real Murcia fue el primero en ser expulsado tras una clara agresión a Gomes a un metro escaso del árbitro, que no lo dudó a la hora de expulsarlo.
Con Rodríguez la historia fue parecida, ya que cuando su equipo contaba con dos futbolistas más empujó a Sergio en una acción más absurda que violenta. El árbitro estaba otra vez encima y lo echó del campo. Fue una acción que se podía haber resuelto con amarilla, al igual que la acción de Capdevila, que levantó la bota y rozó a Kiko en una banda. Fue falta, pero no roja.
Así las cosas, el público, que se aburría con el pobre espectáculo que se veía, empezó a agitarse. Hasta 15.155 espectadores se acercaron a la Nueva Condomina y no sólo seguidores del Murcia.
Los cerca de 1.500 aficionados del Hércules, que se las prometían muy felices, empezaron a cambiar de cánticos cuando vieron que el tiempo pasaba y el Hércules no marcaba. «¡Échale cojones, Hércules, échale cojones», gritaron.





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