
El Real Murcia no termina de arrancar, pero tampoco se abandona a la deriva. Suma un punto que alarga su agonía y a la vez lo mantiene con vida en la competición. Pero lo mejor del conjunto grana es que ha cambiado su imagen de equipo tembloroso y con poca confianza, que se descomponía a la más mínima. Ahora aguanta todos los envites, lucha hasta el final y busca sus opciones. Ha recuperado la fe, pero aún no ha encontrado la pegada. Sigue siendo demasiado blando e inocente ante la portería rival y carece del instinto asesino que hace grandes a los equipos. Pero después de una primera vuelta llena de decepciones ya se ha curtido en las desgracias y no pierde la cara ante ningún rival.
El de ayer era de entidad. La Real Sociedad tiene un equipo con mucho peso específico, con jugadores de nivel, que están más cerca de Primera que de Segunda. A la Nueva Condomina llegó en plena crisis, con una trayectoria descendente y con grandes carencias en un juego más efectivo que brillante. Pero eso en Segunda División da igual. Lo importante es marcar rápido y ganar puntos. Ayer dio buena cuenta de que no perdona. Todo lo contrario que el Real Murcia. El equipo de Lasarte tuvo menos ocasiones que su rival, jugó peor y luchó menos, pero marcó rápido y no falló. Se fue con un empate sin hacer muchos méritos. El pragmatismo en Segunda resulta ser el mejor camino para estar en lo más alto de la tabla. Cuánto aguantará la Real entre los tres primeros, no se sabe. Porque a pesar de tener un portero impresionante, que salvó el partido en varias ocasiones, la plantilla vasca sembró en el campo serias dudas. Las diferencias entre ambos rivales apenas existieron. Como mucho la capacidad para resolver ante la portería rival. La Real llegó poco y marcó rápido. El Real Murcia se desfondó para lograr el gol y aunque lo consiguió gracias a una carambola con empujón de Labaka añadido, tuvo muchas más ocasiones para haber matado el encuentro y haber liquidado al rival. Pero nada. El Real Murcia cambia. Su imagen mejora y el futuro parece diferente, pero sigue en puestos de descenso y el camino hacia la permanencia va a ser muy largo.
Lo que ha mejorado en el equipo grana es más psicológico que futbolístico. Está más en los deseos que en lo tangible. Cierto es que José González ha descubierto a Sergio Escudero como uno de los talentos del equipo y un futbolista que no puede faltar si se piensa en el futuro; que Isaac le da velocidad y peligro a la banda derecha; y que tanto Natalio como Chando han encontrado el sitio perfecto y la motivación adecuada para lograr goles.
Pero no es menos cierto que todo eso ya existía hace muchos meses, que el Real Murcia falla demasiado en los metros finales y que en ocasiones pierde el sitio y se desorienta. En la meta hay serias dudas. Elía no parece pasar por su mejor momento y aunque bajo palos no levanta muchos nervios, cada vez que sale de su portería lleva la inquietud a la grada.
El Murcia es casi el mismo que a principio de temporada en lo físico, pero no en lo mental. Ya no se arruga y lucha hasta el final.
Contra la Real pudo ganar hasta el último minuto. Comenzó llevando el peligro a la portería y terminó con un disparo de Luque y otro de Bruno cuando el tiempo ya se había cumplido.
A los cinco minutos del partido ya había dado señales de vida gracias a un disparo de Isaac directo al segundo palo que se fue fuera por poco. Luego probó suerte Sergio Escudero y Chando tuvo la mejor ocasión: estrelló directamente la pelota en el portero.
Chando volvió a fallar cuando habían pasado poco más de cinco minutos de la segunda parte y Carlos Bueno le dio la réplica un minuto después. El delantero no estaba dispuesto a fallar y empujó la pelota a la red entre Bea y De Coz.
Era un jarro de agua fría, pero el Real Murcia no se dio por enterado y cinco minutos después ya tenía el empate gracias a que Labaka desvió a la red una falta de Bruno.
Luego fue el turno de Capdevila, Luque o Kike, pero el partido ya estaba decidido. El Real Murcia dejó escapar viva a la Real Sociedad y los puntos salieron volando. El equipo no termina de arrancar, pero ha mejorado, lo que hace que el futuro sea más esperanzador.






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